No tengo el control
Como mujeres, y sin tener pruebas que validen lo siguiente, (mas que comentarios con amigas), en algún momento de nuestras vidas hemos querido controlar la vida de los demás, sea la del esposo, hijos, padres, amigos, incluso hemos querido controlar a Dios. Y si bien es algo que no me enorgullece decir, yo lo he hecho, he querido controlar a Dios, es decir en algún momento de mi vida, fui esa Marta que podemos ver en la historia de resurrección de Lázaro en Juan capítulo 11 del versículo 1 al 44.
En esta historia claramente vemos como Marta quería manipular a Dios al decirle comentarios como: “Jesús, el que tu amas”, como si Jesús no supiera quién era Lázaro en su vida, o cómo mintió al decirle a María que Jesús la llamaba, Juan 11:28, siendo que esto nunca fue así. Y que decir del desespero por no poder tener el control de la situación, al momento ella de escuchar que Jesús iba llegando al pueblo, y salir a buscarlo, para reclamarle, que si Él hubiera llegado antes su hermano no estaría muerto, Juan 11:21.
Y así como estas pruebas hay otras, pero solo nos refleja el poder de control que Marta quería tener de la situación, siendo que Jesús ya le había prometido que la enfermedad de Lázaro no era para muerte sino para la gloria de Dios, Juan 11:4, y sabemos que Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre, para que se arrepienta, Números 23:19, por lo que su palabra si o sí se iba a cumplir. Vemos como una y otra vez Marta cuestionaba la promesa de Dios con su incredulidad, y a decir verdad en lo particular muchas veces me ha pasado, y se que en algún momento de tu vida también has vivido un momento así.
No obstante, como seres humanos no tenemos el poder de control nada, menos de controlar la vida de los demás, nosotros solo podemos abrazar la obra de Dios que es la única que puede transformar momentos, situaciones y hasta la vida de nuestros seres queridos. No somos el camino, nuestra forma, no es el camino, nuestra mente no es el camino, para que otros sean transformados, de eso solo Dios tiene el control, no podemos hacer el trabajo de Dios porque para hacerlo tendríamos que sostenerlo con nuestras fuerzas y eso no será suficiente.
Abracemos la Cruz, vivamos y experimentemos la verdadera vida de Cristo, no basta solo con decir lo que aprendemos de la palabra, porque la información no provoca transformación. Dios no necesita de nuestra ayuda, y nosotros no podemos entorpercer su obra. Que la próxima vez que nuestra vida quiera ser como la de Marta nos detengamos y confiemos en la plenitud de la promesa que Dios ya nos dió.



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